06 agosto 2013

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Y hasta una princesa rumana, Bibesco, a la sazón escritora con pasaporte francés. Una dama, con refugio en el salón chaflán de su suite, que veía el Estambul prebélico como «la ciudad más sucia del mundo, deslucida y decrépita», trufada de un esplendor hecho de escombros que parecían precipitarse sobre el mar. 

Con todo, descripciones más piadosas de la ciudad y su hotel término se han conservado, desde 1913, a cargo de literatos menores, como Jean Giraudoux: «Llevo aquí un día y podría hablarle de esto una semana entera», le escribe por carta a Lilita, su amor imposible. 

«Hay una pequeña mendiga de negro a la puerta del hotel a quien dejo seguirme un minuto antes de darle nada, para ver sus ojos -los de usted- suplicantes y acariciadores. Después, borro la seriedad de mi rostro y le doy algo. 

Tengo una habitación preciosa, vacía, Lilita, y grande: sobre todo, su cama. Una habitación que a la izquierda da al Cuerno de Oro, por delante a Eyub y a la derecha a unos valles cuyo fondo es oscuro, con pliegues aterciopelados, mezquitas blancas, árboles negros y un color vivo y severo que, en cuanto el sol está velado, parece surgir de la tierra».

Pese al pedigrí del Pera Palas, no abundan las crónicas entusiastas sobre él. Es cierto... Será por la indolencia de su servicio, cuando comenzó a tenerse por demodé, justo antes de ser reivindicado su valor de museo. No en vano, las alcobas de Greta Garbo, Mata Hari y Sara Bernhardt siguen siendo celdas cuasi monásticas.Y en la 101 se conserva, con todo lujo de detalles, muebles originales y objetos privados, la suite ocupada por Atatürk. 

Así se llamaba el presidente que modernizó Turquía, tras la descomposición de su imperio, llevándose la capital de Estambul a Ankara. 

Revivir la impetuosa historia del Pera Palas, cuyas habitaciones se valoran a partir de los 200 euros, pasa por subir en su histórico ascensor a los corredores de alcoba, buscar los toilettes siguiendo viejos indicadores de la belle époque y fumar una arguila en el salón Agatha Christie, flanqueado de columnas otomanas y bajo lámpara de araña.

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