27 abril 2015

David Bowie es sólo un recuerdo

Volvió otra vez y volvieron las nostalgias. ¿Qué es hoy David Bowie? La imagen de un deseo o un recuerdo simplemente. El nunca tuvo el tirón tumultuoso de los Stones, Bowie no era la furia, sino el refinamiento. Fue un dandy del rock'nd roll. Pero al tiempo, un rockero de ley. Es decir, no sólo alguien que mueve la pelvis, agitadamente, al ritmo de un son estridente, atractivo y sin copado, sino alguien -además- cuyos mensajes buscan arrastrar, encandilar, subvertir. Un rockero no es un nene tontito que gusta a quinceañeras pavisosas; es un rebelde, ama lo distinto, lo arriesgado, lo transgresor. No cree en este mundo, apuesta por el Mal de los románticos, por el Satán de Baudelaire. 

El rockero es angel caído, muchacho inconformista, quiere cambios, invoca fantasías, se mueve por un universo que no comprende, y por eso se desespera y grita y sueña, imaginando paraísos, pasmos que no - son de aquí. Así fue Bowie: apostador a lo extremo. Ambiguo, exquisito, ser que parecía nacido en otra galaxia (labios pintados, mirada fría, ojos con rímel) porque en este planeta no era feliz. ¿Qué es hoy Bowie, qué son los Stones? Quizá un timbrazo de alarma. Madonna -nos dicen- no es en absoluto rock'nd roll. ¿Y qué decir de Los Ronaldos o los Hombres G.? 

Muchos rockeritos de hoy nos recuerdan el título de una, canción de Bowie, Hijas de la era silenciosa. Ni alarma, ni protesta, ni incendio, ni perturbación. Vagos sueños sólo en una dulce complacencia con lo que hay. Y si Bowie -por edad- ya no es el rey ¿quién lo es? ¿Jackson, Prince? El rockero real se agita en lo alto de una montaña, clama, protesta, pretende estrellas, no está conforme con la planificación. Heterodoxo, raro, contestatario, peleador, el rockero saca la lengua, reluce, zahiere. Es como un gran rubí morado. Atrae con su fulgor oscuro, nos invita al lado salvaje, nos pide el gran no, la negación de los sabios y de los idealistas. El rockero es un soñador con sexo. 

Un chamán invocando prodigios. Un maravilloso loco de la vida. ¿Quién se sienta hoy en el trono de Bowie, incluso en el turbio sitial de Lou Reed? El rockero no come heladitos de fresa. Pertenece su gesto a la progenie del dragón.

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