05 diciembre 2014

Tráfico de influencias del partido en el poder

La vida lee los periódicos, y de ahí nace, mayormente, la actualidad, que a su vez genera vida, y periódicos... y literatura. Pepe Carvalho, el detective de papel más pegado a las contingencias de la actualidad, no podía, en consecuencia, rechazar un caso como el que se le presenta en El hemano pequeño: descubrir las tramas más sórdidas del tráfico de influencias entre políticos del partido en el poder y tiburones de la cosa inmobiliaria.

En El hermano pequeño, cuyo título ya evoca el mundillo de la corrupción política y dineraria, Carvalho tiene que descubrir al asesino de un presunto e improbable suicida, Leocadio Minguez, un alto cargo del PSOE emborrachado fatalmente con el turbio vino de las prevaricaciones y el comisionismo.

El detective Carvalho, que va de escéptico y de duro porque así lo requiere el imaginario mítico del ramo, exhibe en este caso, en este relato, su faz más sentimental y nostálgica, pues lo que más le lacera del «suicidio» de Leocadio es, en realidad, lo que contiene de traición a los viejos ideales, bruñidos cuando el finado, y el propio Carvalho, vivían su particular libertad de ensoñación y utopía en las cárceles de Franco.

Después de dieciocho novelas con Pepe Carvalho de protagonista (desde Yo maté a Kennedy a Sabotaje olímpico), Vázquez Montalbán domina a la perfección la técnica de hacer rodar a su héroe por las páginas de los libros, y todos los ingredientes que contribuyen a crear la particular atmósfera en la que se mueve (restaurantes, barrios, putas, policías...) se van situando casi solos, de manera ordenada y automática, en las riberas del relato.

Junto a El hermano pequeño, y con extensión menor, Vázquez Montalbán ha colocado otras historias que, pese al escaso desarrollo de sus argumentos, también aportan lo suyo al cosmos carvalhiano: La soledad acompañada del pavo asado, El exhibicionista, Tal como éramos, Por una mala mujer, dos pequeños homenajes a Agatha Christie, y la que a mi parecer es la más interesante y redonda, El coleccionista, un ensayo más que un relato sobre Marilyn Monroe, aquella víctima, o diosa, del furor sentimental de la carne. Aquí, en El coleccionista, es un apócrifo Pepe Carvalho, un perturbado que usurpa su personalidad, el apólogo de aquella mujer que sirvió de festín a tantos caníbales, y, más que las especulaciones sobre su muerte, llaman la atención las tiernas y lúcidas especulaciones sobre su vida.

O sea que estamos ante un Carvalho cada vez más cascado, más humano, más innecesariamente «gourmet» (a los frugales nos empachan las numerosas descripciones de menús presuntamente deliciosos), más solitario, que protagoniza, en fin, esta nueva y múltiple entrega de sus aventuras.

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